Palabras de los Presidentes electos.
Queridos hermanos y
hermanas en nuestro Señor Jesucristo:
Agradecemos a Dios,
que por medio de ustedes, nos ha llamado a servirle y esta vez, como Presidentes Mundiales de la CIMFC. Gracias por su confianza.
Igual que a los
apóstoles, nos corresponde llevar la Buena Nueva a cada lugar donde el Señor lo
disponga. Sabemos de la situación de injusticia, pobreza y dolor que viven muchos hermanos nuestros en todos
los continentes. Algo tenemos que hacer. No podemos quedarnos de brazos
cruzados como simples espectadores, esperando que sean otros los que actúen y
permitiendo que las sectas y el
clericalismo sigan creciendo, ante nuestra indiferencia.
El cristiano es
hombre de fe y esperanza; es dinámico y, con la gracia del Espíritu Santo, no
tiene miedo de proclamar que Jesús vive, que está entre nosotros y que nos da
la fuerza para llevar su mensaje, su proyecto de vida, de humanización a todas
partes.
Hacemos nuestras las
palabras de Juan Pablo II cuando decía: “Hoy más que nunca tenemos necesidad de
entender estas palabras de Cristo Resucitado: ”¡No tengáis miedo!” Es una
necesidad para el hombre de hoy…que no cesa de tener miedo en su fuero interno
y no sin razón…Es igualmente una necesidad para todos los pueblos y todas las
naciones del mundo entero. Es necesario que, en la conciencia de cada ser
humano, se fortifique la certeza de que existe Alguien que tiene en sus manos
el futuro del mundo que pasa, Alguien que guarda las llaves de la muerte y de
los abismos (Ap.1,18), Alguien que es el Alfa y la Omega de la historia del
hombre (Ap.22,13), ya sea individual o colectiva; y sobre todo la certeza de
que este Alguien es Amor, el Amor hecho hombre, el Amor crucificado y
resucitado, el Amor siempre presente en medio de los hombres. El es el Amor eucarístico. Es fuente inagotable de comunión. Es el único a quien podemos
creer sin la más mínima reserva cuando nos pide: “¡No tengáis miedo!”
Hermanos y hermanas,
es muy importante saber dónde estamos
trabajando, cómo estamos realmente y cuántos somos en cada continente, para
poder hacer realidad el objetivo de la Confederación de promover, potenciar y
ayudar a los Movimientos Familiares Cristianos, para que sus miembros vivan su
vocación humana y cristiana. Sean testigos de los valores esenciales de la
familia, fundamentados en la fe proclamada por el Evangelio y fortalecida por
el Magisterio de la Iglesia Católica. Así podremos apoyar la expansión del
Movimiento Familiar Cristiano en los países donde esté establecido, procurando
crearlo en los países donde no existe.
¿Cómo lo haremos? Con la ayuda de todos, reforzando y profundizando en
los programas de formación. La
Confederación necesita que sus miembros
conozcan a Cristo, que lo amemos y le sirvamos. El es el camino, nos
toca a todos mostrárselo a los demás y aunque El solo lo puede todo, prefiere
contar con cada uno de nosotros.
Nos gustaría
reunirnos con los Presidentes Continentales para que juntos planifiquemos
adecuadamente nuestros programas.
Terminamos pidiendo
la ayuda y fuerza inspiradora del Espíritu Santo, ya que con Dios todo lo
podemos. Que El llene sus corazones de paz y alegría para que juntos cumplamos
la misión que hoy ha puesto en nuestras manos.
Los queremos mucho.
Gracias.
William y Esilda Cheng.
Julio de 2007.